La violencia del andrógino
Sólo una vez se mira al abismo
de frente,
sólo una vez la renuncia sale de la boca
para instalarse en los ojos.
Después, en el fin del tiempo
la desesperación se acalla
y el terror crepita en las manos
desnudas de afecto, de toda vacilación.
Sol y luna asisten silenciosamente
al parto ardiente del no querido
que ruge colores sólidos, inaudibles
en la retina de los que tientan la memoria.
Parte II
Con un sacacorchos oxidado
extirpa el corazón inútil
del que expone su sexualidad como forma
y su dolor perruno como fondo.
Lo levanta, lo sujeta
y aprieta hasta que salta el absceso
que bebe a sorbos espaciosos
reviviendo las historias que contiene.
Lame el músculo herido, pero limpio
y lo devuelve a su origen.
Mira a los ojos del portador
y le dice: vive, hijo de puta.

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