Día 5
El agua que mojaba tus pies también mojaba los míos, tan cerca estuvimos que casi dejo a mi mano buscar al menos por un instante tus rodillas. Pero todavía todo es contención, y es por esto que aún con las gafas de sol puestas tampoco me atreví a mirarte como quise. Furtivo, me demoré en tu vientre y en las curvaturas demarcadas por tu bikini, mientras te escuchaba cifras y geografías con ese tono de agobio que desde sí proyectaban el deseo de una vía de alivio. De nuevo te imaginé boca abajo con el tiempo resignado a mi voluntad inasible.
Hoy disparé con las ganas crecidas
–precisamente y con saña– al costado,
por evitar recordar lo pasado
que todavía nos late en heridas.
Dejé que sepas que sé de las vidas
que te mantienen el nervio anegado
por demostrarte que desde mi lado
me viene fácil ganarme las bridas.
Como yo, Cronos jugó desde cerca
al miedo leve que clava en lo ansioso
esa torpeza que acaba en lamento,
y como un chita que solo se acerca
extendí suave la luz de mi acoso
siendo en tus ojos mi voz y mi aliento.

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