Doce de Diciembre
Después de larga espera, mi madre al fin murió,
cuando nada quedaba de nosotros.
Mandó sacar mi padre un viejo plegatín
sobre el mismo lugar en que ella había estado,
la estrecha habitación del fondo del pasillo,
la del luto lejano del abuelo,
donde se le veló en esa misma fecha,
un doce de diciembre.
Y allí se refugió para sentirla.
-Vigilad esta puerta, aquí descansaré.
No dejéis de comer y dormid juntas.
No quiero ver a nadie.
Se encerró por dos días. Fue el principio
de un amor que, de dos en orfandad,
nunca logró cerrar su inmensa llaga.
Quedó gente en la casa. Ya había poca luz.
No puedo recordar quién se fue el último.
Sin ella
Se paró nuestro tiempo en un minuto,
las dos en soledad, ante una vida frágil.
Ausente nuestro padre en su dolor,
—perdido lo que más había amado,
sin poder abrazarle ni saber qué decirle—
recuerdo que en las noches su llanto me aterraba.
Destinada a ser madre prematura,
casi tan niña entonces como tú,
acabé de crecer para poder criarte.
Fueron tiempos de luto,
tuvimos que aprender a vivir solas.
Hoy seguimos aquí, cuidando el fuego,
atentas al altar de la familia.
Dos vestales custodias de una herencia
que jamás consiguió truncar la muerte.
A paso lento
Hoy la casa cerrada huele a tela.
No dejaron sus voces
en viejos documentos de plexiglás afónico
ni siento sus miradas de absorto desdibujo
-su recuerdo en papel-
suspendido en el tiempo de la carne.
El calor residual de sus enseres
deviene casi anónimo y no lloro:
yo perdí su orfandad a paso lento,
al paso irremediable que me lleva hasta el fin,
a encontrarme con ellos si acaso me esperaran.
Entretanto su herencia es aliento de vida
presente en cada gesto de los rostros que amo.
Tan solo por vivir
tu canción desmedida de cansancio
anda pidiendo versos
costaleros en pie para tus andas
en esta primavera ya vacía
donde nada lo oscuro de tus horas
y remansa la espuma
de la obsesión sobrante
en busca del por qué
de tanta vida a cuestas
transitas las hipótesis
que todos frecuentamos
son mudas sus respuestas como mudo es el tiempo
que las quiere guardar
en esa parte oculta de nosotros
prendida a los amarres
piadosos del olvido
hoy quiero compartirte
la lluvia que acompasa
un eco de promesas sobre mi altar desnudo
aquí donde las velas son excusa
y argumento tardío de perdón
tan solo por vivir
mientras tantos
han muerto
De nuevo ante tu rostro
coróname de hiedra como hacías
y ordena sin premura mis cabellos
llévame a los pinares
que jamás otoñecen
y cubren su vergüenza a las encinas
apenas despojados desde ayer
del corcho sus faldones
qué bien se ve la casa desde allí
su tejado moruno se funde con la tierra
en tiempos musulmana
francesa y española tantas veces
fronteriza y baluarte
a ras de sangre y fuego
en tanto tú te adentras en su historia
yo me pierdo de nuevo ante tu rostro
disfruto tu perfil que el tiempo ha perdonado
y siempre te interrumpo con mis besos
qué bien sabe la vida
repitiendo golosa
sus escenas de anís
Soldado
(A ti, Papá)
Soldado de por vida te bautizó la guerra
con un macuto al hombro que siempre pesaría
en la precaria paz de los peones.
Dejaste atrás el tiempo de dolor
uncido en desmemoria voluntaria,
volviendo como un monje curtido de silencios
al calor de los suyos.
Te veo en el olivo cuya piel ancestral
contiene para mí todos los rostros,
cuando el viejo tranvía pasa por nuestras calles
pero sin ser el mismo.
Y te recuerdo a veces
desde aquellos cristales, bajo la tarde azul,
regresando puntual de tu trabajo.
Te siento en la bravura
con que el viento recita entre los dólmenes
de mi propio paisaje embravecido,
en la dura constancia del ave migratoria,
en la luz de los días de quienes nos amamos
como tú amaste siempre,
leal hasta morir.
Y te añoro, Soldado. Anoche te soñé.
Tan fértil
(A Ana, mi querida hermana)
presiento todavía en la espesura
el germen de tu voz
el eco apenas silbo de tus pasos
si el viento menudea soledades
sobre el alféizar fiel de mi ventana
el jardín no es el mismo cuando llega el invierno
se recoge latente en la fachada sur
y exhibe avergonzado
sus pequeños retoños
bajo el crujiente aliento
de la escarcha
sigue siendo el lugar de sueños y promesas
el atrio y el impluvium de la casa dormida
el acopio de sol para los días tristes
perfecto en esta espera
que germina
tan fértil en su entraña
tan cálida en mi boca
Almadías
Tan lejos y tan cerca los fondos pedregosos
del manantial inicio.
Tan presentes aún las hoces y los rápidos,
la esbelta catarata soñando libertad
entre voces de espuma.
Tan misterioso el tramo del bosque entre la niebla
cuyo encaje dispersa el sol amanecido.
Tan generoso el río cuando cede
lo fértil de su esencia tierra adentro.
Como dos almadías testarudas
asumiendo su rumbo en la deriva,
vamos llegando a puerto sin demora
sobre este viejo cauce que remansa
las aguas de la vida en sus meandros
abriéndose al paisaje entre la arena,
donde le espera el mar, eternamente.
Vintage
la muñeca soñada y en el escaparate
junto a ella su ajuar
la maletita roja y un paraguas
destellando charol bajo las luces
la carta emborronada ya intuía el fracaso
pero al fin la ilusión me invitaba a creer
le iba trenzando el pelo y suponía
infinitos adornos
zapatos y vestidos
que siempre aquel cristal apartaba de mí
pasó el tiempo tan rápido
como pasan las aves
sin mostrarnos su rostro
cambiaron las muñecas
de nombre y de canción
y cesaron las cartas finalmente
como un arroyo débil
que la sequía aborta
hoy pueblan sus hermanas mi vitrina
vestidas de volante y canesú
rescatadas del fondo
del tétrico baúl de un anticuario
finalmente vintage como el mismo recuerdo
la niña que no fui da vida a su mirada
y su luz resucita
a la niña que soy
Bumerán de regreso
El alba se abre paso entre la noche,
despide a sus fantasmas,
tóxicos peregrinos
en busca de refugio por las calles.
Ya deliró su tremens el tugurio
y arrebuja en cartones de desahucio
su pública amenaza la justicia.
Redunda el telediario,
se despierta el café
con el nuevo atentado
en aquella ciudad de nombre impronunciable.
No llueve ni hace frío,
no habla el viento.
Las mangueras rasuran el suelo de las Ramblas
y el mercado se enfaja de nueva mercancía.
La máquina camina un día más,
bumerán de regreso hacia el crepúsculo,
mientras la vida escribe, impertinente,
las más bellas canciones
sobre sus desgastadas partituras.
Título: Asuntos Propios
Autor: Mercedes Carrión Masip
Pseudónimo: Miravet Molina
Con «Asuntos Propios», Mercedes Carrión Masip se hizo con el Premio Internacional de Poesía «Jorge Manrique», en su edición del año 2017.


Muy bien hecha la selección del poemario «Asuntos Propios». En los poemas escogidos podemos encontrar sensaciones y sentimientos que nacen de la reflexión sobre la vida y la muerte. De la permanencia de los que se fueron en el recuerdo, de que el impasible paso del tiempo nos los devuelve como ingrávidas compañías.
Formalmente todos ellos responden a la voz de la autora: lírica y serena que convierte el paisaje en un aliado de la expresión del sentimiento.