Cada destino inmerso en mis ideas
bullendo sin maldad, pero cruelmente
en todos mis altivos quehaceres,
entrenan mi mirada y mis maneras.
Si todavía caigo y mi cabeza
no siempre se consigue soluciones
que le libren del mal, de algunos hombres
no decaigo, persisto en mi locura
de ser feliz a solas sin molduras
y no un vulgar esclavo de menores.
No siempre me divierto, no es tan fácil
triunfarle a cada día y con esfuerzo
una actitud tranquila que en el tiempo
no se tuerza y se vuelva efecto mártir.
Pero lo que me dice la portátil
con sus rangos y fechas es constancia,
y entonces la hipertrofia ya en el alma
una suerte de estado, condición,
que te vuelve chiquito, mas, señor
un niño eterno, vivo, que no para.
Yo me equivoco mucho, o quizás poco
incluso dudo a veces de si existe
el error, el acierto, lo posible
más allá del enfoque del nosotros.
Pero a veces, oh, Dios, abro mis ojos
y ella me está mirando con los suyos,
después de mil después, y todos duros,
me suceden sonrisas infinitas
inefables, gloriosas y tan limpias
que me vuelvo con ella todo, uno.
Deja una respuesta