Habría que saber categorizar a la violencia y no caer en sobrevaloraciones o subvaloraciones típicas del mercado.
Sin entrar en precisiones ortográficas, ni profundizaciones lingüísticas, un ejemplo sería la distancia que hay entre maldad y crueldad, y ahí te dejo picando toda la onda teologíca del bien y del mal, versus toda la onda filosófica de la crueldad.
Como se ve, cualquiera maneja opuestos y complementarios, pero siguen siendo pocos los que manejan ese concepto de «ángulos suplementarios», del cual son posibles un montón de extrapolaciones como la de los templos de Corinto, justamente, que vaya uno a saber dónde queda.
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