El otro día me pasaron el vídeo de una mujer que se quejaba, y mostrándose un tanto sorprendida, del contenido de una canción de Maluma, la cual la cantaba su hija, una chicuela de seis o siete años, algo así. Partamos de la base de que en la casa se escucha lo que los padres escuchan, esto es el vamos, y luego, lo que permiten escuchar. Para no decir en términos propios lo que tan bien dice el refranero, cito: «el fruto nunca cae demasiado lejos del árbol». Entonces, si tu hijo escucha cierto tipo de música, a alguien habrá salido.
No hay ni bien ni mal en todo este rollo, acordate que yo viví la época en la que los católicos sacaban folletos contra el heavy metal utilizando la letra de Highway to Hell, de AC/DC, mucho antes de que sean famosos Venom, Metallica y Slayer. Es decir, para mí no se trata de buena o mala música -aun cuando sí se puede hablar de complejidad en la elaboración y en el resultado de cualquier música de cualquier canción-, sino de una simple cuestión de gusto, que pasa por un proceso de apreciación musical en el que intervienen varios factores.
Vamos a la comida: hay gente que no sabe diferenciar si una salsa tiene comino o tomillo, y gente que sabe diferenciar si qué queso le pusieron a la pizza. Al que no sabe de cocina, al pedo le vas a complicar el paladar, y al pedo le vas a complicar los ojos arreglando la presentación del plato, y al pedo te vas a amargar si le ofrecés pulmón de tigre albino y te dice que le gustó más el choripán de la esquina. Lo pelotudo sería mentirse, que el choripanero asuma aires de saber de salsas, por ejemplo, y que opine.
Vamos a las letras: hay gente que se copa con Condorito y con Isidoro Cañones, y que hasta ahí llegan; y gente que se copa con Kant o Kafka y de ahí no se mueven. Ninguna es mejor o peor que la otra, pero sí diferentes, incluso tremendamente diferentes, a lo mejor opuestas y todo, pero si un tío está leyendo Condorito y una tía está leyendo a Kafka y/o viceversa, nadie le daña a nadie. Cada cual, volviendo al refranero, va simplemente cumpliendo aquello de que «la cabra siempre tira al monte». Entonces, ¿por qué los emputes, las divergencias agresivas?
Antes, era más caro comprar un libro de Cortázar que comprar una historieta. Antes, era más caro comprar un vinilo que escuchar lo que pasaban por la radio. Ahora tenés gratis tanto a Wagner como a Maluma, igual a Coelho como a Nietzche, a tiro de descarga. Pero ahora y, si te fijás realmente bien, sigue dependiendo de cada uno qué decide leer y qué decide escuchar. Todos somos a un tiempo cabras que tiran para el monte y frutos que no cayeron demasiado lejos del árbol. Eso sí, algunos no mezclamos música y músicos, con loros y latas que suenan;)
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