El hambre
Descuelgo el hambre del almanaque
y me quedo ahí, frente a tus ojos sin sombra
a la espera de lo que juzgues entre las luces
a ver si me rescatas de la media luna fría.
Caigo entonces al asfalto que no espera
al cemento del Dios que no tiene canción,
y desnudo sigo queriéndote en el instante
en la premura de la vida que no sabe de compartir madrugadas.
Tan vestida vos, tanto, que se nubla el sol
de preguntas que no sabré contestar,
de un pasado que no sabré resolver,
que me quedo ahí, cayéndome en espera.
Mientras tanto, Iahveh, lo que ignoramos,
el gesto que aprieta el mentón contra el pecho,
y esa curiosidad del abismo mirando a mis ojos
que en vos se fijan, como sin querer lastimar a nadie.

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