Bolena (I)
Iba el cariño a decir su extravío
ganándome la garganta y el pulso
me haría confesar la vanidad del tiempo
esa manera en que la piedra termina
confesando la piel que conoció.
Iba el tumulto ser multitud
venciendo mi paciencia rota
y la sonrisa que siempre esquivo
el sol de la ignorancia que escapa
con la violencia de la sinceridad
Iba a ser igual, todo dudas
salvo mi expresión
que seguiría perteneciéndote
por prevalecer en el continuar
ques del que persiste
cosa incompresible para el que acepta
el modo de las cosas sin su nombre.
Iba a ser «disperso»
decir metales en mi verbo
y prescindir del ágora en su pleno
pero te dibujas más fuerte
para que no sea yo quien desiste.
Soy, después de vos,
lo de siempre
una carta sin destinatario.
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