IV. Quilombeaos (Reinado del rojo)
¿Quieres ver el color de un corazón?
Primero es matar el deseo,
–y todo es gris–
seguir viviendo entre sombras
lamiéndote las horas del día,
para morir en las noches despacio
con la cara enterrada en lo conocido.
Después es repetirlo todo
una y otra vez, endecasílabamente
sin querer, queriéndolo, enjuiciado
con la sencillez prístina de la incomprensión.
Y creer, todo el tiempo
que podría, que podrías
que alguien podría,
sacar del alma ese agujero de asco
que se refleja en los ojos.
No hay golpes que basten,
–nadie sabe bien golpear–
al que le pagan por ello es bipolar
y hoy entró en terapia.
Vale más que no llegue el día
en el que repitas lo que dicen
“era tan bueno, como lo echado a perder”.
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