Reescribiendo a Agatha Christie
La nueva censura: no nos engañemos, no existen ni las buenas, ni las malas palabras, y el que no pueda entender esto simplemente no tiene cabida en el mundo de las letras. Y antes, cuando uno no puede expresar lo que quiere y de la manera que quiere (o puede) debido a una restricción externa, estamos frente a una restricción de la libertad de expresión, es decir, frente a lo que se denomina censura. Si yo no puedo decir “madre”, por ejemplo, estoy siendo censurado.
La finalidad de cualquier censura pasa por otro carril y, al menos para mí, antes que evitar negar la realidad a través de diversas censuras, lo que debería censurarse es cualquier intento de negar, justamente, la realidad.
Los cambios introducidos en las novelas de Agatha: las alteraciones han sido principalmente de dos tipos, de supresión y de alteración. Se han suprimido y se han alterado sobre todo algunos diálogos y descripciones en donde los personajes hablaban marcando diferencias étnicas con comentarios peyorativos, incluyendo también estratos sociales correlacionados con lo que entonces era “normal común y corriente” referir a raza y color.
De boca para afuera, la intención de las nuevas ediciones es evitar lastimar a las nuevas generaciones. Como yo lo veo, es un novedoso intento de vender una versión light de los libros de la novelista a los jovencitos y, a los lectores tradicionales, un objeto de comparación para saber si el experimento es aplicable a otro autor.
¿Y el legado? Hay un halo de impunidad en esta reescritura de los textos de Agatha Christie porque, primero que nada, nadie sabe, y no hay modo de saberlo, si ella estaría de acuerdo con estas supresiones y alteraciones. En todo caso, los libros de un escritor constituyen parte de su legado y, no respetarlos, me parece a mí, es como irrespetar un testamento.
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