El enviado
del libro «Reinado del rojo»
Crees como yo
que no cruzarías el límite,
sabiendo más que mi intuición
que nunca existieron
ni el ring, ni la calle sola
ni el beso, aquel
en el que cupo el parto de un mundo.
Enathin, el enviado
que late amurallado al ras
de tu grito cadencioso,
me porta la piel fulgente
esperando sin tregua
en la suma de las grietas,
y ríe tu golpe caricia
que me ocultas en la nuca.
Algo de ti me llena y ahoga,
y mi única defensa
es herirte donde no llego.

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